Como mucho ya sabréis, estos días se está viviendo una situación extraordinaria, un momento que muchos esperamos que no se vuelva a repetir.

Lo cierto es que hace muchísimo que no publico nada. Estas últimas semanas he vivido muchos cambios en mi vida y he intentado, en la medida de lo posible, sanarme y volver a tener una relación sana con el mundo de Internet.

El blog, y en especial, Instagram, me han estado afectando en mi salud mental. No por el medio en sí, sino por la presión de estar a la altura del propio medio, publicar cosas que se viralicen, tener una frecuencia aceptable y sacar contenido como churros conservando una calidad alta.

Bueno, por suerte ya he salido de mi propia ensoñación para darme cuenta de que eso no es siempre posible.

Y lo más importante de todo: que esta presión autoimpuesta me estaba dañando (y mucho), creando un estrés totalmente innecesario y provocando que no disfrutara absolutamente nada la interacción que tenía con este mundo de internet.

Además, todo se había vuelto demasiado poco orgánico, muy artificial. ‘Tengo que publicar porque tengo que publicar, siguiendo una estrategia y etc.’

De qué me sirve tener éxito en algo si no estoy feliz ni lo disfruto en absoluto. Ya te lo digo yo: de nada. No tiene ningún sentido. nonsense.

Antes, siempre estaba pensando en que no hacía suficiente. Lo que hacía, no me apetecía en absoluto y solo lo hacia porque ‘tenía que hacerlo’.

Bueno, me alejé de todo eso. Me centré en mi trabajo y abandoné prácticamente cualquier relación con mis proyectos en internet durante un tiempo. Fue una decisión dura, pero totalmente necesaria.

Ahora, poco a poco, me he ido acercando de nuevo a todo este mundo online. En realidad, siempre ha sido un universo que me ha atraído de sobremanera, así que me daba mucha pena abandonarlo todo sin más.

Cada vez tengo más ganas de volver a escribir en el blog, he vuelto a Twitter, red social que hacia años que no tocaba, y cada vez me siento más cómoda con Instagram, aunque tengo que reconocer que por el momento, todavía no he encontrado una forma 100% sana de relacionarme con esta última red social.

A qué viene el título del post

Con esta introducción contándote mi vida estarás pensando que a qué viene el título del post. Bueno, supongo que si estás leyendo esto en mayo-abril 2020, ya sabrás de qué va la cosa.

Estamos en cuarentena. El COVID-19 ha entrado con fuerza y no se sabe qué va a pasar. De momento en España, aunque en todo el planeta ya se están preparando para lo que está por venir. Nos esperan semanas sin salir de casa. El gobierno dijo que serían 15 días, aunque se puede alargar. Yo creo que como mínimo van a ser 2 meses.

Esta situación extraordinaria nos ha pillado a todos completamente desprevenidos.

Nadie se esperaba que esto iba a ocurrir. Las cosas como son.

El mundo está congelado. Se han parado muchas industrias, se han cerrado centros educativos, comercios, bares y restaurantes han echado el cierre, y de la noche a la mañana, todos nos hemos visto obligados a quedarnos confinados en nuestros hogares.

Mi novio y yo teníamos un montón de viajes que estaban programados para el mes que viene, viajes que por supuesto, están cancelados. Nuestro prospecto de futuro es sobrevivir este aislamiento en casa sin aburrirnos ni pelearnos demasiado.

Muchos dicen que esta es una gran oportunidad para empezar a hacer cosas para las que nunca teníamos tiempo, como leer, ver películas y empezar nuevos proyectos desde casa.

Eso está muy bien (aunque son actividades que yo ya hacía de antes), pero creo que ante todo, la cuarentena es una gran oportunidad para la reflexión.

Para entenderlo mejor, vamos a ver algunos datos que he visto estos días en las noticias:

¿Y esto qué tiene que ver conmigo?

Vivimos nuestro día a día tan acelerados, que pocas veces nos paramos a ‘oler las rosas’. Sé que es un tópico muy extendido ese dicho de que no valoramos las nimiedades de nuestra rutina, aunque en días como estos, esto cobra más sentido que nunca.

Está claro que aquí, el mayor beneficiado de lo que está sucediendo es el Planeta. Pero, ¿de qué nos puede servir esto a nosotros?

  1. Desacelerar nuestro ritmo de vida: quizás, después de esta experiencia pasajera nos demos cuenta de que quizás, no necesitamos consumir tanto como creíamos. Es una gran oportunidad para reflexionar de cómo era nuestro ritmo de vida antes de la pandemia, y de plantearnos la posibilidad de frenar un poco cuando todo esto vuelva a la normalidad (que lo hará).
  2. Empezar a valorar más los lujos y libertades de las que disfrutamos en nuestro día a día, y de las que ahora mismo carecemos: ir al super siempre que queramos, dar un paseo por el bosque, poder tomarnos un café en nuestra cafetería favorita, salir con nuestra pareja de la mano, abrazar a nuestros seres queridos…
  3. Que las redes sociales sirvan para acercarnos, en vez de hacernos daño: si algo maravilloso está ocurriendo ahora mismo, es que el mundo virtual está adquiriendo cada vez más protagonismo, pero de una forma increíblemente positiva. Al fin y al cabo, solo tenemos relación con la gente con la que convivimos bajo el mismo techo. Las redes sociales son estos días, una forma de conectar con la gente que está lejos, de mantenernos informados, e incluso, de hacernos reír y ver la situación desde un prisma mucho más positivo. No sé cómo lo soportó la sociedad de principios del XX con la pandemia de la gripe española.
  4. Sacar el lado más humano de las personas apoyándonos por un objetivo común: si algo está logrando conmoverme profundamente estos días, son las muestras de solidaridad, apoyo y hermandad que reinan en todos los rincones del país. Gente aplaudiendo desde sus balcones cada noche a las 8pm, cuerpos de policías de todos los tipos trabajando mano a mano por nuestra seguridad, desinfectando espacios públicos y asegurándose de que nadie se salta la cuarentena, cajeros y trabajadores de supermercados, soportando las hordas de personas que acuden a los establecimientos desesperadas por un rollo de papel, y están extremadamente expuestas al virus; repartidores, camioneros y un montón de profesionales más; vecinos que ofrecen entretenimiento, música y actividades desinteresadamente a través de sus balcones…Todo estas muestras, acciones e iniciativas nos recuerdan que las crisis, lejos de enfrentarnos, nos unen y nos recuerdan lo que es realmente importante.

Cuéntame; ¿qué estás sacando de positivo tú con esta situación?